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Historias ::: El dia del amor y de la amistad

14 DE FEBRERO DIA DEL AMOR
El 14 de Febrero, como todos sabemos, es el denominado Día del Amor, también conocido como Día de los Enamorados, Día del Amor y la Amistad, o Día de San Valentín. El propósito de este día es expresar el afecto tanto entre enamorados como entre amigos de manera muy distinta según el país en el que estos se encuentren. Lo que no es tan conocido por la mayoría de la gente es el origen de este día tan destacado en todo el mundo.

HISTORIA DEL DIA DEL AMOR Y LA AMISTAD
La semilla más lejana conocida de nuestro Día del Amor se encuentra en la antigua Roma. Era allí donde se celebraban unas fiestas paganas denominadas “Lupercales” el día 15 de febrero que se hacían en honor a Pan, conocido también como Fauno Luperco. Este personaje mitológico era el semidiós griego de los pastores y rebaños, así como Dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina.

Durante estas fiestas los sacerdotes “lupercos” se reunían en el monte Palatino, donde según cuenta la leyenda el fauno, convirtiéndose en loba, amamantó a Rómulo y Remo, quienes más tarde fundarían Roma. Una vez en ese lugar los sacerdotes manchados con sangre de animales y sólo tapados por pieles golpeaban con unos látigos, también elaborados con pieles, a todo el que pasase con el fin de purificarlos. También se decía que azotar a una mujer de esta forma aumentaba su fertilidad.

Las lupercales dejaron de celebrarse cuando finalmente el Papa Gelasio I las prohibió en torno al año 494, y creó una nueva versión cristiana: el 14 de febrero. Esta nueva fiesta se celebraba en honor al mártir San Valentín, a quien este mismo Papa nombró Patrón de los Enamorados. Fue entonces cuando una fiesta que rendía culto a la fertilidad y a la sexualidad comenzó a adquirir el carácter romántico que hoy en día mantiene.

El hecho de que esta festividad se le atribuyese a este Santo no fue casualidad, y tiene que ver con la historia del mismo. Se dice que en el año 270 d.C. el emperador romano Claudio II ordenó que se prohibiese el matrimonio mediante un edicto. La única explicación hallada para este hecho fue que el casamiento perjudicaba al ejército, ya que los maridos no querían separarse de sus mujeres para ir a la guerra. Fue en esta época cuando el obispo Valentín, desobedeciendo las órdenes del emperador, se dedicó a casar en secreto a todas las parejas que lo requerían. Cuando el emperador descubrió lo que el obispo hacía ordenó que lo mataran y así sirviese como ejemplo para todos aquellos que osaran desobedecer el mandato. Fue por esto que se relacionó este santo con el Día del Amor.

Parece ser que más adelante, sobre el siglo XVIII también se relacionó con este día a Cupido, de manera que esta celebración dejo de tener el carácter cristiano que había tenido hasta entonces. Cupido es el Dios del amor en la mitología romana, que es el equivalente de Eros, de la cultura griega. De él resalta su capacidad de hacer florecer el amor entre las personas, y se le representa como un niño alado con un arco y flechas. En algunas ocasiones también se le añade una venda sobre los ojos para recalcar el hecho de que “el amor es ciego”.

En la actualidad el Día del Amor es una fiesta prácticamente de carácter mundial. En la mayoría de países se aprovecha esta fiesta para demostrar el afecto entre parejas y amigos, pero a pesar de que el objetivo es el mismo, en cada cultura han surgido diferentes maneras de expresión de este Amor que es protagonista el 14 de Febrero de cada año.

Ya desde la Edad Media es costumbre en Gran Bretaña y Francia el intercambio de postales, regalos y cartas de amor, tradiciones que todavía prevalecen en nuestro tiempo en muchos sitios. También en lugares de América Latina es típica la tradición del “amigo secreto”, y de que los hombres regalen flores u obsequios a las mujeres como muestra de amor. En variedad de sitios se celebran cenas íntimas entre parejas o incluso amigos. En parte de Gran Bretaña los niños cantan canciones a cambio de dulces o dinero el 14 de febrero y en algunos países de Europa se celebran banquetes. Existen tal cantidad de costumbres regionales que no cabrían en ningún escrito.

Hoy en día esta festividad no se limita al mundo occidental. Gracias a la mejora de las comunicaciones y al incesante proceso de globalización este fenómeno ha llegado a todos los lugares del mundo. Un ejemplo muy sobresaliente es el de Japón. En este país se celebra San Valentín desde hace décadas, con la peculiaridad de que no son los hombres quienes regalan como se tiende en el resto del mundo, sino que las mujeres regalan chocolates a los hombres, ya sean parejas, amigos, familiares, etc. A esta costumbre se suma el hecho de que posteriormente, el 14 de marzo, en el denominado White Day, son los hombres quienes deben corresponder a las mujeres con un obsequio generalmente de color blanco.

Historias de Navidad ::: Por epocas

Aunque para algunos historiadores la celebración de la Navidad histórica debería situarse en primavera (entre abril y mayo), y para otros, siguiendo el relato de Lucas 2:8, que indica que la noche del nacimiento de Jesús, los pastores cuidaban los rebaños al aire libre y que el cielo estaba lleno de estrellas, es poco probable que este acontecimiento hubiera ocurrido en el invierno (hemisferio norte), las Iglesia cristianas mantienen el 25 de diciembre como fecha convencional, puesto que en la primavera u otoño la Iglesia celebra la Pascua.

Formación de la Navidad como fiesta cristiana
Según la Enciclopedia Católica, la Navidad no está incluida en la lista de festividades cristianas de Ireneo ni en la lista de Tertuliano acerca del mismo tema, las cuales son las listas más antiguas que se conocen. La evidencia más temprana de la preocupación por la fecha de la Navidad se encuentra en Alejandría, cerca del año 200 de nuestra era, cuando Clemente de Alejandría indica que ciertos teólogos egipcios “muy curiosos” asignan no sólo el año sino también el día real del nacimiento de Cristo como 25 pachon (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto. Desde 221, en la obra Chronographiai, Sexto Julio Africano popularizó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús. Para la época del Concilio de Nicea en 325, la Iglesia Alejandrina ya había fijado el Díes nativitatis et epifaníae.

El papa Julio I pidió en 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre, lo cual fue decretado por el papa Liberio en 354. La primera mención de un banquete de Navidad en tal fecha en Constantinopla, data de 379, bajo Gregorio Nacianceno. La fiesta fue introducida en Antioquía hacia 380. En Jerusalén, Egeria, en el siglo IV, atestiguó el banquete de la presentación, cuarenta días después del 6 de enero, el 15 de febrero,que debe haber sido la fecha de celebración del nacimiento. El banquete de diciembre alcanzó Egipto en el siglo V.

Adopción de la fecha de Navidad como 25 de diciembre
En Antioquía, probablemente en 386, Juan Crisóstomo impulsó a la comunidad a unir la celebración del nacimiento de Cristo con el del 25 de diciembre, aunque parte de la comunidad ya guardaba ese día por lo menos desde diez años antes.

En el Imperio Romano, las celebraciones de Saturno durante la semana del solsticio, que eran el acontecimiento social principal, llegaban a su apogeo el 25 de diciembre. Para hacer más fácil que los romanos pudiesen convertir al cristianismo sin abandonar sus festividades, el papa Julio I pidió en 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esa misma fecha.

Algunos mantienen que el 25 de diciembre fue adoptado solamente en el siglo cuarto como día de fiesta cristiano después de que el emperador romano Constantino I el Grande se convertió al cristianismo para animar un festival religioso común y convertir a los paganos en cristianos. La lectura atenta de expedientes históricos indica que la primera mención de tal banquete en Constantinopla no sucedió sino hasta 379, bajo San Gregorio Nacianceno. En Roma, puede ser confirmado solamente cuando se menciona un documento aproximadamente del año 350, pero sin ninguna mención de la sanción por el emperador Constantino.

Los primeros cristianos celebraban principalmente la Epifanía, cuando los Reyes Magos visitaron al Niño Jesús. (Esto todavía se celebra en Argentina, Armenia, España, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, México, Colombia, Uruguay, Venezuela y Chile). Para las Iglesias Orientales la Epifanía es más importante que la Natividad, ya que es ese día cuando se da a conocer al mundo, en la persona de los extranjeros.

Algunas tradiciones de la Navidad, particularmente las de Escandinavia, tienen su origen en la celebración germánica de Yule, como son el árbol de Navidad. Allí la Navidad se conoce como Yule (o jul).

Prohibición de la Navidad
Durante la Reforma protestante, la celebración del nacimiento de Cristo fue prohibido por algunas iglesias protestantes llamándola “trampas de los papistas” y los hasta “garras de la bestia” debido a su relación con el catolicismo, como hacen actualmente los Testigos de Jehová. Después de la victoria parlamentaria del Rey Carlos I durante la Guerra civil inglesa en 1647 los gobernantes puritanos ingleses prohibierón la celebración de la Navidad. El pueblo se rebeló realizando varios motines hasta tomar ciudades importantes como Canterbury, donde decoraban las puertas con esloganes que hablaban de la santidad de la fiesta. La Restauración de 1660 puso fin a la prohibición, pero muchos de los miembros del clero, no conformes, rechazaban las Celebraciones Navidadeñas, utilizando argumentos puritanos.

En la América colonial, los Puritanos de Nueva Inglaterra rechazarón la Navidad y su celebración fue declarada ilegal en Boston, de 1659 a 1681. Al mismo tiempo, los cristianos residentes de Virginia y Nueva York siguierón las celebraciones libremente. La Navidad cayó en desagrado de los Estados Unidos después de la Revolución Americana, cuando se estimó que era una costumbre inglesa.

En la década de 1820, las tensiones sectarias en Inglaterra se habían aliviado y algunos escritores británicos comenzaron a preocuparse, pues la Navidad estaba en vías de desaparición. Dado que imaginaban la Navidad como un tiempo de celebración sincero, hicieron esfuerzos para revivir la fiesta. El libro de Charles Dickens Un cuento de Navidad, publicado en 1843, desempeñó un importante papel en la reinvención de la fiesta de Navidad, haciendo hincapié en la familia, la buena voluntad, la compasión y la celebración familiar.

La Navidad fue declarada día feriado federal de los Estados Unidos en 1870, en ley firmada por el Presidente Ulysses S. Grant, pero aún es una fiesta muy discutida por los distintos líderes puritanos de la nación.

Fiestas no cristianas del 25 de diciembre

Los orígenes de la celebración de la Navidad el 25 de diciembre, se ubican en las costumbres de los pueblos de la antigüedad que celebraban durante el solsticio del invierno (desde el 21 de diciembre), alguna fiesta relacionada al dios o los dioses del sol, como Apolo y Helios (en Grecia y Roma), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlan), entre otros. Algunas culturas creían que el dios del sol nació el 21 de diciembre, el día más corto del año, y que los días se hacían más largos a medida que el dios se hacía más viejo. En otras culturas se creía que el dios del sol murió ese día, sólo para volver a otro ciclo.

Alegoría de Cristo en forma del dios solar Helios o Sol Invicto Conduciendo su carroza. Mosaico del siglo III d. C. de las grutas vaticanas en la Basílica de San Pedro en el techo de la tumba del Papa Julio I.

  • En Persia (actual Irán) se celebraba, hace cuatro mil años, y coincidiendo con el solsticio invernal, Yalda, el Natalicio del dios solar Mitra, el dios de la Luz, la antigua divinidad meda-persa).
  • Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del “Natalis Solis Invicti” o “Nacimiento del Sol invicto”. Asociada al nacimiento de Apolo. El 25 de diciembre fue considerado como día del solsticio de invierno, y que los romanos llamaron bruma; cuando Julio César introdujo su calendario en el año 45 a. C., el 25 de diciembre debió ubicarse entre el 21 y 22 de diciembre de nuestro Calendario Gregoriano. De esta fiesta, los primeros cristianos tomaron la idea del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesucristo. Otro festival romano llamado Saturnalia, en honor a Saturno, duraba cerca de siete días e incluía el solsticio de invierno. Por esta celebración los romanos posponían todos los negocios y guerras, había intercambio de regalos, y liberaban temporalmente a sus esclavos. Tales tradiciones se asemejan a las actuales tradiciones de Navidad y se utilizan para establecer un acoplamiento entre los dos días de fiesta.
  • Los egipcios festejaban en invierno el nacimiento de su dios solar Horus, hijo de Osiris y Isis. Según la mitología, Horus nació de la virginal Isis, de manera análoga, a la imagen cristiana de Cristo y la Virgen María.
  • Los germanos y escandinavos celebraban el 26 de diciembre el nacimiento de Frey, dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. En esas fiestas adornaban un árbol perenne, que representaba al Yggdrasil o árbol del Universo, costumbre que se transformó en el árbol de Navidad, cuando llegó el Cristianismo al Norte de Europa.
  • Los mexicas celebraban durante el invierno, el advenimiento de Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra, en el mes Panquetzaliztli, que equivaldría aproximadamente al período del 7 al 26 de diciembre de nuestro calendario. “Por esa razón y aprovechando la coincidencia de fechas, los primeros evangelizadores, los religiosos agustinos, promovieron la sustitución de personajes y así desaparecieron al dios prehispánico y mantuvieron la celebración, dándole características cristianas.”

Los aztecas también celebraban el nacimiento de uno de sus dioses en invierno: Huitzilopochtli.

Tal y como comenta Isaac Asimov en su guía de la Biblia: “Podría ensamblar el cristianismo sin sobrepasar su felicidad de Saturnalia. Era solamente necesario que ellos justamente saluden el nacimiento del hijo en vez que el del Sol”. Por lo que la Navidad cristiana no es imitación, ni parodia de estas fiestas no cristianas del nacimiento de los dioses solares; como si los dioses no cristianos y Jesucristo hubieran nacido el mismo día.

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Cuentos e Historias de navidad

Navidad, su propia naturaleza se encuentra ligada a historias y cuentos, contados a lo largo de los siglos y en cada lugar para mantener vivas las tradiciones y el recuerdo, así como llenar de colorido e imaginación esta época especial para los chicos y los adultos también.

Leamos aquí algunas historias, cuentos y poemas navideños, algunos tradicionales mientras otros son cuentos propios o recopilados y aportados por visitantes que desean compartir su inspiración y espíritu navideño contigo.

Recreemos con los textos el espíritu de la Navidad y disfrutemos de estas Fiestas que no sólo son para reunirse y festejar, sino que el verdadero sentido de la navidad está en sentirla dentro de cada uno de nosotros, y que despierte lo mejor del ser humano,  la solidaridad hacia los otros, el rogar por la paz en el mundo, el pedir que no haya chicos con hambre en la Tierra, en fin, el sentir la presencia de Dios dentro de cada ser humano.

EL ARBOL DE NAVIDAD (CUENTO)

.. En una gran ciudad, en nochebuena, bajo un frío intenso, vi un niñito, muy niño aun, de seis años, quizás de menos aun, todavía no lo bastante crecido para que se le hiciera mendigar, pero ya lo suficiente para que uno o dos años más tarde se le enviara a hacerlo, como se liaría sin duda.

Aquel niño despertó tiritando una mañana, en un sótano húmedo y frío, abrigado con una especie de batita, vieja y raída. El aliento le salía en forma de vapor blanco: sentado en un rincón, sobre un baúl, distraíase activando de propósito su respiración, divirtiéndose con verla salir. Pero tenía mucha hambre. Desde la madrugada se había acercado ya varias veces a la cama de tablas, cubierta con un delgado jergón, en que estaba acostada la madre enferma, con la cabeza apoyada en un montón de harapos a guisa de almohada.

¿Cómo ha llegado hasta allí aquella pobre, mujer? Habrá salido sin duda con su hijo de alguna ciudad lejana en que la acometió la enfermedad. La dueña de aquel tugurio ha sido encarcelada dos días antes; hoy es fiesta y los demás inquilinos han salido. Sin embargo, uno de aquellos andrajosos está acostado desde hace veinticuatro horas, borracho perdido sin aguardar la fiesta. De otro rincón brotan los lamentos de una vieja de ochenta años, tullida por el reumatismo. Aquella vieja fue niñera, en su tiempo, quien sabe dónde; ahora se está muriendo, solitaria, gimiendo, quejándose, refunfuñando contra el chico que comienza a tener miedo de acercarse al rincón en que agoniza. Ha encontrado agua en el pasadizo, pero ni siquiera un mendrugo de pan, y vuelve por décima vez a despertar a la madre. Comienza a asustarse en aquel obscuro rincón; la tarde avanza, y sin embargo no hacen fuego. Halla a tientas el rostro de la madre, y se sorprende, de que no se mueva, y esté tan fría como la pared.
-¿Tanto frío hace? -piensa el chico.

Permanece inmóvil un rato, con la mano sobre el hombro de la muerta; después se sopla los dedos para calentarlos, y al ver su gorrita sobre la cama, busca despacio la puerta y sale del subsuelo. Hubiera salido antes si no le hubiera atemorizado el perro grande que, allá, arriba, en el pasadizo, ante la puerta del vecino, ladra todo el santo día. Pero el perro ya no está, y hete aquí el chico en la calle.
-¡Dios mío, qué ciudad!

Hasta entonces, jamás viera nada semejante. Allá, de donde ha venido, la noche es más obscura; sólo hay un farol para toda la calle; casitas bajas de madera, cerradas con postigos desde que obscurece, ni un alma; todo el mundo se encierra en su casa; sólo una multitud de perros que aúllan, centenares, millares de perros que aúllan y ladran la noche entera. Pero en cambio, allá hacía bastante calor y le daban de comer. Aquí, ¡Dios mío, qué bueno sería comer! ¡qué alboroto hacen aquí! ¡qué tronar! ¡qué luz y qué mundo de gente! ¡cuántos caballos y coches! ¡Y el frío, el frío! El cuerpo de los caballos humea frío, y sus ardientes hocicos soplan vapor blanco; sus herraduras suenan sobre la calzada a través de la blanca nieve. ¡Y cómo se atropella toda esta gente! ¡Dios mío, que ganas tengo de comer un pedacito de cualquier cosa!.. Y ahora que me duelen los dedos.
 
Un guardián del orden acaba de pasar y se ha vuelto para no ver al niño.
«Otra calle más... ¡oh, qué ancha es! ¡Seguro que me van a aplastar aquí! ¡Cómo gritan todos, cómo corren, cómo ruedan... y luces y más luces! ¿Y esto qué será? ¡Oh, qué vidrio grande! Y detrás de este vidrio un cuarto, en ese cuarto un árbol que sube hasta el techo; es el árbol de nochebuena... ¡Y cuántas luces hay debajo del árbol! ¡Cuánto papel de oro y manzanas, rodeados de muñecos, de caballitos! Hay muchos niños en el cuarto, bien vestidos, muy limpiecitos; ríen, juegan, comen, beben cosas. Aquí una Micuela que baila con otro chico: ¡qué linda es la chiquita! Allá, la música que se oye a través del vidrio.

El niño contempla admirado y ríe; ya no siente el dolor de los dedos ni de los pies, los dedos de su manita se han puesto cárdenos, no los puede doblar y le hacen mal al intentarlo. De pronto siente que le duelen los dedos: llora y se aleja. Divisa, a través de otro cristal, otra habitación y más árboles y pasteles de toda clase sobre la mesa; almendras rojas, amarillas. Cuatro hermosas damas se hallan sentadas y alguien llega, entran muchos señores. El chico se ha deslizado, ha abierto de pronto la puerta y se ha colado. ¡Oh, cuánto ruido hacen al verle, qué agitación! Al punto una dama se levanta, le pone un kopeck en la mano y le abre ella misma la puerta. ¡Qué miedo tuvo!
 
El kopeck se le ha caído de las manos y ha repiqueteado en el peldaño de la escalera: ya no podía apretar lo bastante sus deditos rojos, para llevar la moneda. El niño salió corriendo y caminó ligero, ligero. ¿Dónde iba? lo ignoraba. Querría llorar, pero tiene mucho miedo. Y corre, corre, soplándose las manitas. Y el pesar se apodera de él ¡se siente tan abandonado, tan azorado! Y de repente, ¡Dios mío! ¿qué otra cosa ocurre? Una multitud permanece allí y mira: En una ventana, detrás del cristal, tres muñecas bonitas, vestidas con ricos vestidos rojos y amarillos, y todo, todo como si fueran vivas! Y aquel viejecito sentado que parece tocar el violín.

Hay también dos más, parados, que tocan pequeños, pequeñísimos violincitos y mueven la cabeza a compás. Se miran uno a otro, y sus labios se mueven: ¡hablan de verdad! Sólo que no se les oye a través del vidrio» Y el niño piensa primero que están vivos y cuando comprendo que son muñecos, se echa a reír. ¡Jamás ha visto muñecos semejantes, y no sabía que los hubiera así! ¡Y quisiera llorar, pero es tan gracioso, son tan graciosas esas muñecas!

De repente se siente asido de la ropa; a su lado se halla un muchacho grande y malo que lo da un puñetazo en la cabeza, lo arranca los calzones y le hace una zancadilla. El niño cae. Al mismo tiempo la gente grita; él se queda un momento rígido de pavor, luego se levanta de un brinco y echa a correr; corre, enfila una puerta cochera, no sabe donde, y se oculta en un patio, detrás de una pila de leña.
 
-Aquí no me hallarán, hay mucha obscuridad. -Se acurruca y se encoge; tal es su espanto que apenas se atreve a respirar.
Y de pronto siente un bienestar, sus manitas y sus piececitos no le duelen ya, tiene calor, tanto calor como al lado de una estufa, y todo su cuerpo se estremece. ¡Ah, va a dormirse! ¡qué agradable es dormir!

-Me quedaré aquí un momento y luego volveré a ver las muñecas -pensaba el pequeñuelo, que sonrió al recordar las muñecas. -¡Todo como si estuvieran vivas!
Ahora, hete aquí que oye la canción de su madrecita. Mamá, estoy durmiendo... ¡Ah, qué bien se está aquí para dormir!»

-Ven a mi casa, niñito, a ver el árbol de Navidad, -pronunció una voz suavísima.
Pensó primero que era su madrecita; pero no, no era ella.
¿Quién le llama? No sé. Pero alguien se inclina sobre él y le envuelve en la obscuridad, y él tiende la mano y de pronto... ¡Oh, qué luz! ¡Oh, qué árbol de Navidad! No, eso no es un árbol de Navidad, nunca lo ha visto ni parecido.
 
¿Dónde se encuentra? Todo brilla, todo irradia, y hay muñecos en derredor; pero no, muñecos no, varoncitos y mujercitas, sólo que resplandecen mucho. Todos giran a su alrededor, revolotean, le besan, le toman, le llevan, y él mismo tiende el vuelo. Y ve a su madrecita que le mira y le sonríe con alegría.

–¡Mamita, mamita! ¡ah! qué lindo es aquí, -le grita el pequeñuelo. Y de nuevo abraza a los niños y quisiera contarles también la historia de las muñecas que vio detrás del vidrio. ¿Quiénes sois, chiquillas? -pregunta riéndose y amándolas.
Es el árbol de nochebuena del Niño Jesús.
En casa de Jesús, para aquel día, hay siempre un árbol de Navidad para los niñitos que no tienen árbol propio.

Y supo que todos aquellos varoncitos y mujercitas eran niños como él, unos muertos de frío en las canastas en que los habían abandonado a la puerta de las casas de los funcionarios de San Petersburgo, los otros muertos en casa del ama de cría, en las isbas sin aire de los Tehaukhnas, algunos muertos de hambre en el seno agotado de sus madres, durante la calamitosa carestía, otros envenenados por la infección de los vagones de tercera clase. Todos están allí, todos son angelitos, todos se encuentran en casa de Jesús, y El mismo entre todos, extendiendo las manos sobre ellos, bendiciéndoles, a ellos y a sus pecadoras madres.
Y también las madres de los niños están allí, apretadas, y lloran; cada cual reconoce su hijo o su hija, y los niños revolotean hacia ellas, las besan, enjugan sus lágrimas con sus manecitas, y les suplican que no lloren, pues se hallan también allí.

Y abajo, por la mañana, el conserje encontró el cadáver del niño refugiado en el patio, helado, detrás de la pila de leña. También se encontró a la madre en el sótano.
Había muerto antes que él; ambos se han visto en el cielo, en la casa del Señor...

Relatos romanticos ::. Ojos verdes

El primer recuerdo que tengo de la chica de los ojos de serpiente es verla dando vueltas alrededor de mi banco de madera. Parecía ya predestinada a girar en orbita sobre mi vida. Sus ojos transparentes y verdes escondían una mirada gris y triste; sus manos blancas eran las de una niña y su pelo largo y castaño el de una mujer. Era más alta que la demás y más guapa y también extraña al mismo tiempo. Los chicos del verano que la rodeaban no sabían que nadie podría rodearla jamás y que su dulce pero triste mirada gris no era sino un arma de un solo filo capaz de atravesar una plancha de acero con la facilidad con la que puedas clavar un cuchillo en la arena de una playa del norte. Aquella mirada jamás se detendría en unos ojos débiles, y no por ello dejarían nunca de hacerle daño.

Su rostro era la luz de una mañana de diciembre; piel de hielo y agua que se evapora con los años. ¿Quien no podría enamorarse de una chica así?, ¿Quién no cruzaría un país para refugiarse en sus brazos? ¿Quien no cruzaría todos los países? Yo no.

Yo nunca cruce nada por ella, pero nuestras miradas se cruzaron tan pronto que ya era demasiado tarde. Jamás quise robarle el corazón, pero si rebusco en los bolsillos de algún viejo pantalón seguro que encuentro algún pedazo que olvide tirar por aquel acantilado frente al mar.

Aquella historia se desgasto antes de empezar y el tiempo corría deprisa, pero al revés de cómo lo hace con el resto de la gente. Si mis ojos hablaran no dirían más de lo que ahora digo.

- Te lo prometo, yo te querré siempre.
- Eso no es verdad y tú lo sabes.
- Tienes razón, mi corazón tiene prisa. Ahora va camino de una fiesta a la cual no has sido invitada.

Aquellos ojos verdes vieron con los años que el chico despiadado cuyos sentimientos se perdieron entre el calor del verano y la lluvia del aquel terrible otoño, no era peor, sino mejor que todas las cosas que sucedían a su alrededor. Esa chica merecía algo mejor, merecía el calor de un abrazo.

Uno de verdad, con manos de verdad y brazos, y ojos cerrados y un temblor recorriendo mis entrañas. Y también las tuyas. Yo he dado abrazos muy fuertes a personas que no conozco, a personas que podrían no haberse cruzado nunca en mi camino, y mi rumbo habría permanecido invariable; yo he tirados abrazos desde una carroza como quien reparte caramelos desde una tribuna.

Pero a ella jamás le regale uno.

- Su dolor no es mi dolor, me dije. Pero hacía mucho tiempo ya que no escuchaba mis propias palabras. Con los años las hojas de los árboles ya no caían de la misma forma aunque la gravedad hacia que terminasen siempre en el mismo sitio.

Aquel barco con forma de mujer encalló en aguas tan turbias que los peces que antes nadaban en ellas desarrollaron alas para poder salir volando de allí. La pena la consumió. La pena consume todo.

Pobre sirena varada.

Historias de amor ::. Él cambio y no se porque

Primero que nada voy a empezar por la forma en la que conocí a Carlos. Él vino a vivir cerca de mi casa. Sinceramente, yo tenía muchos amigos, pero cuando lo conocí para mí todo había cambiado. Era algo tan lindo que sentía cada vez que lo veía.

Un día, al regresar de mi escuela, fui a comprar mi cena y al regresar lo vi. Estaba parado en su puerta, yo lo quede viendo y me impresionó, o sea, en pocas palabras, me gustó. Al abrir la puerta de mi casa volteé a ver y él estaba parado en la esquina observando en donde había entrado.

Un día sin pensarlo fui y le pregunte si vendía tarjetas para celular porque en su casa aún estaba el letrero de Telcel, pero yo sabía que ya no las vendían ahí. Toque su puerta y él salió y me pregunto “¿que deseas?” y le respondí que una tarjeta. Él me respondió: “No mamita, aquí ya no las venden” y se empezó a sonreír. Desde ese día nos comenzamos a decir adiós sin saber nada de ambos. Un día salí a la tienda y vi que venía caminando sobre la banqueta y me saludo.

Hasta que un día por la noche me dijo “me voy a cambiar de casa”. Realmente me sacó de onda y a la vez me puse muy triste, pero luego me dijo “pero me voy aquí nada más” y sí, se fue a vivir casi enfrente de mi casa y eso me alegro mucho. Una noche llegó a mi casa, yo estaba afuera y me pregunto que cómo me llamaba. Le respondí y obviamente yo también le pregunte su nombre. Después le pedí el favor de que me acompañara a comprar a una taquería y fuimos. Al momento de ir caminando, sin querer me tomo de la cintura y me dijo que me pasara del lado donde no pasaban carros. Luego me tomo del brazo y seguimos caminando. Al regreso nos tomamos de las manos y nos quedamos viendo fijamente a los ojos y nos besamos. En verdad fue un beso mágico. Después fuimos a una tienda y ahí me pregunto si quería ser su novia y sin pensarlo le respondí que sí. Eso fue un 14 de abril del 2007.

Todo era tan lindo porque todos los días me llegaba a ver a mi casa, salíamos, nos reíamos juntos. Era muy lindo. Hasta que un día le dije que le pidiera permiso a mi papá y le dijo que obviamente ya tenía el permiso de mis papas y los más lindo es que toda mi familia ya lo conocía.

Un día, por problemas con su papá me dijo que se iba a ir a vivir a la casa de su abuelita y le dije que estaba bien. Al principio todos los fines de semana me llevaba a verlos, pero de repente dejo de llevarme. Cuando me vine a enterar, él ya no vivía con ellos. Se había ido a vivir a la casa de un su tío. De repente comenzó a cambiar su forma de ser, ya era muy frío, muy cortante conmigo y realmente no sé qué paso con él. Yo le he preguntado si acaso hay alguien más en su vida, pero él me dice que no, que todo este tiempo que hemos estado juntos me ha respetado y le creo, pero realmente no entiendo su cambio tan repentino. Realmente le he entregado todo de mí y no sé qué hacer para que vuelva a ser el mismo de antes.

Yo sé que en un tiempo me comporte mal con él, a lo mejor ahora lo estoy pagando, pero no es para que me trate de esta manera. Un día le llamé y me contesto tan cortante y él después me llamo para decirme que ya no quería nada conmigo, pero no sé ni por qué me lo dijo si cuando le volví a llamar me dijo que no quería hacerme daño, que él era mucho para mí. Yo le pregunte si acaso ya no sentía nada por mi y él me respondió que me ama y que por eso me quiere dejar, pero como yo se lo dije “yo te amo y no pienso dejarte” porque para mi forma de pensar, si yo amo verdaderamente a alguien no lo dejaría. Al contrario, lucharía por estar siempre juntos y amándonos hasta el final. Pero no sé por qué él me quiere dejar.

El 14 acabamos de hacer un año juntos y para mí es lo mejor que me ha pasado y no quiero perderlo, pero tampoco quiero tenerlo conmigo a la fuerza. Extraño tanto al Carlos de antes y no sé qué hacer para que siga conmigo. Quiero estar por el resto de mi vida con él, pero ni él mismo sabe qué es lo que le está pasando y yo ya no quiero que me trate como lo está haciendo. Me llama, me grita, de hecho ya teníamos planes para salir el fin de semana y el viernes en la tarde me llama para decirme que no va a llegar por que va a ir al estadio a ver el futbol. O sea, no le importa dejarme.

No sé, pero lo único que quiero es tener fuerzas para soportar todo lo que venga y si me quiere dejar. Hoy llamó para decirme que en verdad ya no quiere nada conmigo porque él trató de llevarse bien conmigo, pero como siempre yo tengo la culpa de todo y dice que por mi culpa va a terminar conmigo. Que ya no quiere nada conmigo y que no se va a arrepentir.

Acepto lo que me dijo aunque me duela en el fondo de mi alma. Lo amo más que a mí misma y por este gran amor que le tengo, le deseo lo mejor en su vida que todos y cada uno de sus sueños se hagan realidad. Nadie sabe lo que tiene… hasta que enfrenta el miedo de perderlo.

Qué bien me sentiría si él estuviera a mi lado pero ya es muy tarde. Como dicen, todo lo que vuela algún día tiene que caer.

¿Por qué? Dicen que el tiempo cura todo… cuando es el tiempo quien acaba con todo. Gracias. Espero que lean mi historia. Para mí todo esto es muy difícil, me da pena contar una parte de mi vida, pero a la vez digo que es importante para que todas las chavas se fijen antes en esa porque al principio te hace sentir cosas maravillosas, pero cuando se conocen más nos damos cuenta de sus defectos y nos hacen sentir de lo peor.

Historias desamor ::. Mi triste historia

Quisiera compartir con cada uno de ustedes mi historia. Soy una joven de 28 años, criada en una buena familia, tranquila y de principios morales sólidos. En mi juventud conocí a un joven. Luego de tratarnos nos enamoramos y nos hicimos novios.

En principio el noviazgo iba bien, excepto algunas discusiones por motivos de celos, algo característico en el. Llegó un momento en nuestro noviazgo que pensé en terminar con el, pero el me decía que si lo dejaba me mataría (creo que lo decía por desesperación). Su familia era muy buena conmigo al principio de nuestro noviazgo, pero luego cambió por completo.

Es bueno mencionar que su madre es el tipo de mujer que incide mucho en la vida de sus hijos y siempre estuvo metida en nuestra relación una vez que nos casamos. Lamentablemente, antes de casarnos, mi novio adquirió una casa cerca de su familia, lo cual nos trajo algunos problemas. Para no hacer larga la historia, nos casamos y al cabo de un tiempo comenzaron a surgir algunos problemas entre nosotros. Tuve unas malas amistades que me mal aconsejaron y me inducieron a tener una corta aventura amorosa, la cual fue descubierta por mi esposo (el cual pasaba poco tiempo en casa debido a su profesión).

Realmente fue horrible. Aunque mi esposo lo sabia, planeó todo fríamente. Me llevó a casa de mi madre, me entregó como si fuera una ramera y se quedó con todas las posesiones que habíamos adquirido juntos durante nuestro matrimonio. Su familia influyó mucho en su comportamiento. No seguí con la otra persona con la cual fui infiel pues realmente no me interesaba. Hasta ahora me pregunto como pude haber hecho eso. Finalmente nos divorciamos y mi ex-esposo y yo nos acercamos nueva vez pues yo aun lo sigo amando.

El asunto es que el no cree en mi, quiere estar conmigo pero me ha hecho cosas indecibles. Y su familia ni hablar. Me ha hecho la vida imposible. Reconozco que tengo mi cuota de culpa, pues lo que hice estuvo mal, pero igual mi ex-esposo me hizo sufrir mucho. Deseo regresar con el, pero quisiera saber si esto me conviene o no pues su familia me odia y el aun no me ha perdonado. He cambiado, estoy asistiendo a terapias, me he reintegrado a la sociedad, pero el y su familia no me creen. Temo quedarme sola pues a los hombres no les gustaria tener una mujer como yo. ¿Algún consejo que me puedan dar?